martes, 8 de junio de 2021

Una lectora piensa | ¿cuál fue el último libro que abandonaste?

 Cuando algún lector dice que abandonó un libro con frecuencia se asocia con pedir disculpas o con pena. A veces no terminar un libro puede ser percibido como fallar una empresa con la que nos comprometimos como lectores. Algunos son más rígidos que otros, y jamás abandonan un libro, otros tienen cupos mínimos (llegar a la página 100, llegar a la mitad). En mi caso, abandonar libros es algo intrínseco en mi forma de leer.


Y claro, hay muchos y diversos motivos por los que alguien puede abandonar un libro, es posible incluso “pausar” la lectura con la intención de volver y que la vida se interponga, y el libro quede ahí como un boleto olvidado hacia un mundo que jamás volviste a visitar. 

Algunos motivos por los que he abandonado libros son: 

  1. Porque me pareció una mala pieza de literatura
  2. No era lo que prometía la contraportada
  3. No lo entiendo, por el lenguaje usado o el contexto histórico y cultural donde se escribió
  4. No encaja con lo que tengo ganas de leer en ese momento

goodbye boy

Por ninguno de los motivos expresados arriba me da vergüenza o lo pienso dos veces para pausar un libro que no me guste. Creo que por esto me gusta mucho leer en digital, puedo abandonar un libro sin tener el fantasma de verlo en mi librero. No necesito llegar a la mitad si quiera, confío en mi intuición.


Esto fue lo que me sucedió con el último libro que abandoné, se titulaba “36 preguntas para enamorarte de mí” de la autora Vicky Grant. La premisa del libro fue lo que más me gustó, las 36 preguntas del título se refieren a las planteadas por el psicólogo Arthur Aron en un experimento que buscaba crear intimidad entre quienes lo realizaran. Dos personas que realizan ese experimento y se enamoran ¿necesitas escuchar algo más para querer leerlo?  Yo no necesité más.


El fallo es la manera en que está escrito el libro, solo tres capítulos me bastaron para ver que contaba con personajes mal trabajados y un estilo de narración que no parecía digno de ser publicado por una editorial. Quedé decepcionada, porque yo no esperaba un libro que me cambiara la vida, yo solo quería ver una idea tan buena ser bien ejecutada. Busqué reseñas, para ver si mejoraba y me enteré qué los fallos que aparecieron al inicio no se corregían a lo largo de la obra, si no que empeoraban. Lo vi clarísimo, ese libro iba a quedar abandonado.


Una experiencia de abandonar un libro que fue totalmente diferente me sucedió con Cien Años de Soledad, lo inicié a leer sin árbol genealógico y al llegar a la página 100 estaba tan perdida con los nombres que no pude continuar, me habían prestado el libro y sabiendo que no podía más lo regresé sin entender como es que ese era el libro principal del boom latinoamericano. Años después, con muchos más libros de experiencia volví a él, esta vez con el arma infalible de una hoja en blanco y un lápiz de papel para construir mi árbol mientras leía, todo salió tan bien que ahora es uno de mis libros favoritos.


Como lectora, me gusta concentrarme en recomendar y hablar de libros que me gustaron. Pero me parece muy interesante y divertido comparar nuestros hábitos lectores. El derecho a abandonar un libro es crucial y yo creo que deberíamos abandonar un libro sin sentirnos culpables y sin pedir perdón, leemos por placer no por obligación con nadie más. 


¡Muchas gracias por leer hasta aquí!

Nos leemos luego y que tengas felices lecturas.

1 comentario:

  1. Muy de acuerdo contigo. no entiendo a esos lectores que se fuerzan a leer libros que no les están gustando, solo porque no les gusta dejarlos a medias. A mí no me importa y los abandono por los mismo motivos que tú, aunque añadiría "errores de edición", pues hay algunos que, pese a tener una buena premisa, tienen tantos errores que no puedo terminarlos. Tengo como límite para abandonar un libro la mitad. Si ya llevo más de la mitad, pese a no gustarme, sigo, pues así podré criticarlo con conocimiento de causa. Por otra parte, también le doy muchas vueltas antes de dejarlo, pues cuando lo dejo, lo dejo para siempre. Es lo que me pasó con cien años de soledad. No me apetece, como tú, coger un lápiz y un cuaderno. En realidad no pasé de las veinte páginas, así que no era por la cantidad de personajes, sino porque se me hacía muy aburrido.

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